Tu catálogo y tus existencias salen de tu SAE. Los pedidos que haces en el mostrador regresan a tu SAE. Sin recapturar nada.
Sin promesas vagas de “compatibilidad”: esto es lo que se mueve, y en qué dirección.
El catálogo de artículos con sus claves, y las existencias por almacén. Lo que el cajero ve en pantalla es lo que tu SAE dice que tienes, no una copia que alguien actualizó el mes pasado.
Los pedidos que se levantan en la caja se mandan a tu SAE cuando tú aprietas el botón — seleccionas los pendientes y se van juntos. Nadie los vuelve a teclear.
Una vez que un pedido se fue a SAE, ya no se puede editar desde el punto de venta. Es a propósito: evita que los dos sistemas cuenten historias distintas.
La conexión con SAE te evita la migración. Pero lo que hace que valga la pena quedarse es otra cosa.
Se abre en minutos desde el navegador. Sin servidor, sin licencias por máquina, sin que alguien vaya a configurarte nada.
Existencias, cortes y reportes de todas tus tiendas en el mismo lugar, sin montar sincronía entre ellas.
La misma caja en la computadora del mostrador, en una tablet o en el celular. No hace falta una máquina dedicada por punto de venta.
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